Archivo de Agosto 2007

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Un sueño de regalo

Agosto 27, 2007

Hoy cumplo 32 años (sí, david, lo has escrito bien) y mi hija (aún se me hace raro escribirlo, pero sí, también lo he escrito bien) me ha hecho su primer regalo: una noche de sueño. Bien, de hecho se ha puesto de acuerdo con su madre para regalarme una noche de ojos cerrados, porque Susana ha bregado con la niña de madrugada mientras yo abrazaba la almohada como si me fuera la vida en ello. Gracias a las dos.

Después de 15 días mareando la perdiz, simulando que era una niña buena, haciéndonos creer que habíamos parido un angelito, Lucía se ha destapado como una  fiestera indomable. He probado todos los recursos que existen, pero no hay quien la duerma. Ya sólo me falta echar mano al bote de loctite que guardo en la nevera y pegarle las pestañas a los mofletes, a ver si así nos da un poquito de tregua.

Miento. Sí he encontrado una forma de dormirla: nos estiramos los dos en el sofá y la acuesto sobre mi pecho, con su cabeza apoyada en mi corazón. Entonces le doy besos en la coronilla y le acaricio la frente hasta que los párpados le pesan una tonelada y los cierra…. durante quince minutos. Eso sí, uno de los mejores cuartos de hora de mi vida.

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La tentación

Agosto 21, 2007

Dice Silvio Rodríguez que “en lo prohibido brilla, astuta, la tentación”, una verdad que nos acompaña tota la vida y que, en los primeros días, se encarna en dos objetos: el chupete y el biberón.

Para que lo entendáis, debéis poneros en situación: hace un par de días que Lucía no duerme como dios manda. A Susana le han salido unos círculos en torno a los ojos, como los anillos que se forman en los troncos de los árboles: cada ojera representa una noche en vela, una preocupación (la niña no duerme, la niña no come, la niña no engorda, la niña quiere ir a supermodelo 2007…).

Cuando llevas dos noches sin dormir y la renacuaja no hace más que chuparse los puños de las manos, a uno le asalta la tentación de prepararle un biberón de leche condensada y dejarla en barbecho durante tres días. Otra opción es darle sucedáneo de pezón, es decir, el chupete, y que lo relama hasta desgastarlo.

El problema es que la niña no es tonta y, si le damos un biberón, dejará la teta en el armario donde guardo el exprimidor y los electrodomésticos que no se utilizan. Entre ordeñar una vaca y coger el tetrabrik de la nevera, no hay color, así que si le damos el bibi, se acabó la lactancia materna. Y lo mismo sucede con el chupete, si se lo damos, resulta que la niña se acostumbra al sucedáneo y luego se hace un lío con el pezón.

De momento, la teta le gana al plástico, la naturaleza le gana la partida a la industria farmacéutica. Claro que lo que me ahorro en leche en polvo igual me lo gasto en crema antiojeras.

Eso sí, miren la cara de agradecimiento que pone después de comer de su mamá.

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He vuelto

Agosto 14, 2007

Ya estoy de vuelta, ya soy mamá.

Ya peso 11 kilos menos, tengo una raja de ingle a ingle, unas cuantas ojeras de más, pero una alegría inmensa, la chipirona ya está entre mis brazos.

La verdad es que hubiese preferido el parto natural y abrazarla toda llenita de mis vísceras contra mi pecho, pero no me puedo quejar. Durante la cesárea no vi nada, estaba tiritando por los efectos de la anestesia y me concentraba en escuchar todo lo que decían los médicos hasta que escuché un llanto y dos segundos después estaba besando la frente de mi niña. Fue una sensación indescriptible, muy intensa y recordarla me ha hecho mojar el teclado con mis lágrimas. Sin palabras.

Ahora mi vida es darle teta a Lucía y conseguir que eche el rot, qué no hay manera! Cuando se sacia, se le abre las manos y se relaja y hace una mueca que parece una sonrisita con mensaje:”gracias mami” . Entonces me derrito y me olvido del dolor de pezones, de espalda y de la falta de sueño.

Eso es lo que puedo contaros de momento, yo no soy tan poética como David, que por cierto, le quiero cada día más.

Un beso!

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Animales

Agosto 12, 2007

Escuché su llanto y, un instante después, vi aparecer por el pasillo a la comadrona con la niña cogida por los pies, como una liebre, y el cordón umbilical colgado. No era el encuentro que había imaginado, pero allí estaba mi hija, untada de grasa y sangre, llorando líquido amniótico.

Mis treinta años de civilización, de calle, libros, experiencias, padres y maestros, no servían de nada en aquel momento. Así que lo único que se me ocurrió fue acercarme a su cara y lamerle la lágrima que le estaba cayendo.  

Desde entonces, de vez en cuando me sorprendo olisqueando a la niña, o veo como Susana le ayuda a mudar de piel frotando con sus manos todo el cuerpo. Parecemos animales lamiendo a nuestro cachorrito. Ojalá nunca se domestique el animal que llevamos dentro.

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Diez días (y diez noches)

Agosto 12, 2007

Lucía ya tiene diez días de vida, pero en el mundo de los niños los días tienen 40 horas, o al menos así te lo parece cuando eres padre, así que, en realidad, ya es casi una adolescente.

El mundo de los niños no es ‘El País de Nunca Jamás’, sino la ‘República de en todo momento y a todas horas’. Jamás había pasado tanto tiempo pendiente de una persona, de su pecho, para ver si respira, de sus pestañas, por si se despierta, de sus manos, para que no se arañe, de sus pies, para que no se enfríe. Mentiría si dijera que no cuesta, porque cuesta mucho mantener los párpados levantados a las cuatro de la mañana mientras Susana le da el pecho a la criatura. Cuesta, pero no me importa.

Y eso que yo no hago prácticamente nada. El hombre aporta bien poco durante el embarazo, pero mucho menos en los primeros días de vida. Es ella quien le da el pecho, ella es el corazón que Lucía reconoce y el olor de piel que le hace sentir como en casa. Tú te dedicas a mirar, a mantenerte despierto como un centinela, a abanicar suavemente mientras Susana y la niña se sudan mutuamente las barrigas, y poco más.

Lo de Susana no tiene nombre, parece una superheroína de los cómics de la Patrulla X. No importa que esté destrozada por la falta de sueño, que tenga los pezones agrietados por el uso y una raja en la barriga como una hucha, porque en cuanto gime la niña, se levanta de la cama, forma una barra de bar con sus brazos y le sirve un cuenco de leche.

Este restaurante funciona las 24 horas del día, como en los aeropuertos, quizás por eso la cocinera, y este triste camarero, tienen cara de jet-lag. Por suerte, desde hace un par de noches, la niña se está amoldando a los husos horarios europeos, y dormimos seis o siete horas durante la noche (con interrupciones, por supuesto). Claro que, en cuanto cierras los ojos, comienzas a soñar con tetas, pañales, pezoneras, calcetines, mercromina, cordones umbilicales y crema Mustela. Pero esa es otra historia…

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Lucía 10.53 AM (02/08/07)

Agosto 3, 2007

Hay momentos en la vida en que no existen las palabras, ella porque no sabe, yo porque no podía.

Ahí la tienen: Lucía, 10.53 de la mañana. Tres minutos de vida en el planeta Tierra.

En ese momento, a su madre le estaban cosiendo la barriga después de una cesárea, su padre inundaba de lágrimas el visor de la cámara.

Por cierto, me comí su primera lágrima. Yo os explicaré. Gracias a todos por leernos.

Seguiremos informando.

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Disculpen por el retraso

Agosto 1, 2007

Cayó otro día y la niña sigue sin aparecer. Suerte que los niños no caducan como los yogures. Se asoma a la barriga, golpea la esfera con el codo o con el pie, tantea la situación, pero no se anima. Le he prometido un scalextric y el juego del tragabolas para Navidad, pero esta no se vende ante cualquier bagatela.

Se han creado tantas expectativas que últimamente casi me tengo que disculpar por cada día de retraso, como si esto fuera el servicio de Rodalies. En el trabajo, entre la familia, en la sección de congelados del supermercado, todo el mundo pone cara de decepción cuando les explico que no, que la chipirona aún no ha nacido. Casi sin quererlo, me pongo a ofrecer disculpas, bastante absurdas, por cierto: “es que Susana aún se encuentra bien, no tiene contracciones ni nada”, “es que la niña no parece tener prisas por venir al mundo, claro, como aquí andamos con suministros de luz, parece que se ha asustado”.

El día que nazca, la trincaré del pañal con los dientes,  me encaramaré a la cima de la torre Agbar y rugiré desde el filo, como el rey León, para que todo el mundo sepa que Lucía ya está aquí.