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Disculpen por el retraso

Agosto 1, 2007

Cayó otro día y la niña sigue sin aparecer. Suerte que los niños no caducan como los yogures. Se asoma a la barriga, golpea la esfera con el codo o con el pie, tantea la situación, pero no se anima. Le he prometido un scalextric y el juego del tragabolas para Navidad, pero esta no se vende ante cualquier bagatela.

Se han creado tantas expectativas que últimamente casi me tengo que disculpar por cada día de retraso, como si esto fuera el servicio de Rodalies. En el trabajo, entre la familia, en la sección de congelados del supermercado, todo el mundo pone cara de decepción cuando les explico que no, que la chipirona aún no ha nacido. Casi sin quererlo, me pongo a ofrecer disculpas, bastante absurdas, por cierto: “es que Susana aún se encuentra bien, no tiene contracciones ni nada”, “es que la niña no parece tener prisas por venir al mundo, claro, como aquí andamos con suministros de luz, parece que se ha asustado”.

El día que nazca, la trincaré del pañal con los dientes,  me encaramaré a la cima de la torre Agbar y rugiré desde el filo, como el rey León, para que todo el mundo sepa que Lucía ya está aquí.

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