Archive for the ‘David’ Category

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Punto y final

septiembre 9, 2007

Ya han pasado 38 días desde que nació Lucía. Estas cinco semanas que hemos pasado los tres en casa han sido inolvidables, nos hemos conocido, nos hemos aprendido y ya empezamos a reconocernos. La niña sonríe cuando su madre le habla, yo comienzo a distinguir si llora por hambre o porque le duele la barriga, y Susana y Lucía se han ido sincronizando, puliéndose los brazos, el pecho y las mejillas hasta encajar como dos piezas de un puzzle. Claro como una lámpara, simple como un anillo.

Por desgracia, mañana vuelvo a trabajar y comenzará una vida diferente, la de verdad. La vida después de Lucía. Ahora tengo que aprender a vivir sin olerla a cada instante, sin escuchar ese llanto que hoy me atormenta y mañana echaré en falta, sin mirarla de tan cerca que noto el aire de sus pestañas. Supongo que no será como los dolores de parto, pero seguro que duele estar todo el día sin verla, al menos durante la primera semana.

En teoría, volvemos a la normalidad, a la vida cotidiana, aunque en realidad, nada volverá a ser como antes. Entre los tres tenemos que inventar una nueva vida, crear nuevos hábitos, forjar nuevas rutinas que algún día nos aburran para volver a inventar algo y romper de nuevo la rutina. Y así una y otra vez hasta que Lucía crezca, se eche novi@, se vaya de casa y un buen día nos explique que está embarazada y que ha creado un blog para explicar su experiencia.

Y con esto, creo que ha llegado la hora de poner punto y final a este blog. El chipirón resultó ser una niña preciosa y el diario del embarazo no puede durar toda una vida. Claro que tengo mil cosas que contar, la primera vez que diga papá y mamá, sus primeros pasos, su primera brecha, su primer día de colegio…. pero todo eso, si el tiempo y las ganas lo permiten, será en otro blog.

Gracias por vuestra participación, a los que habéis aportado comentarios y a los que nos habéis leído cada semana. Gracias por las más de 5.000 visitas que hemos recibido en estos siete meses. Hemos disfrutado mucho escribiendo y confío que, algún día, Lucía disfrute leyendo lo que sentían sus padres mientras ella estaba en el interior de la barriga.

Hija, te vamos a querer toda la vida. El diario del embarazo ha llegado a su fin.

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SUSANA: Si os fijáis bien en la foto podréis ver que los ojos de David están llorosos. Para él ha sido muy duro poner punto y final a este blog. En realidad es como cerrar una etapa de incertidumbres, deseos y muchas ilusiones. Ahora Lucía está aquí y todo será diferente. Pero estoy segura que David seguirá encontrando la manera de seguir creando metáforas de las que ponen la piel de gallina y de expresar sentimientos que hacen saltar las lágrimas. Todos le agradecemos lo que ha escrito en el blog, esperaremos ansiosos al siguiente!

Yo me despido con un fuerte beso y prometo ser dulce como un bombón de chocolate para mi chipi. GRACIAS A TODOS! HASTA PRONTO!!

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El instinto de paternidad

septiembre 9, 2007

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Lucía ha engordado más de un kilo en cinco semanas y, lo que es más sorprendente, ha crecido siete centímetros. Según el pediatra, no sólo está sana, sino que es más grande de lo que corresponde a una niña de su edad.

En este tiempo, yo también he engordado algún kilo y, sobretodo, he desarrollado algunas aptitudes:

-Soy capaz de cambiar un pañal con los ojos cerrados, de hecho, lo hago casi cada noche (no por superar un reto, sino porque soy incapaz de abrirlos a partir de las 2 de la mañana).

-Puedo mirar la televisión sin volumen, para que Lucía no se despierte, y no perder el hilo de lo que sucede (no sé si esto dice mucho de mi capacidad de comprensión o del bajo nivel intelectual de los programas).

-Soy capaz de meter el carrito de la niña, dos maletas, el paraguas de la playa, un cambiador hinchable, una pelota de fútbol y la bolsa de los pañales en el maletero de un Renault Clio sin que la cerradura salte por los aires.

Y el broche de oro:

-Hoy he cocinado mi primera paella (siguiendo obedientemente la receta de mi hermano). El arroz estaba algo duro, pero tenía gusto a paella y se dejaba comer.

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En definitiva, que según la escala de Alcántara (el de ‘Cuéntame…’, que es a la paternidad lo que Richter a los terremotos), me he convertido en un PADRE en toda regla. Han sido 38 días de duro entrenamiento, pero creo que voy por el buen camino.

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Duérmete niña, duérmete YA.

septiembre 5, 2007

Está llorando desde las cinco de la mañana. Si el contenido del blog dependiera de momentos como este, seguramente rescribiría algunas entradas. Susana le está cantando una canción de ‘Pastora’, no por nada en especial, hemos probado cualquier cosa con tal de que deje de lanzar patadas al aire, afloje la presión de los puños, relaje los párpados y se duerma.

¿El motivo de su insomnio? Quién sabe. Han pasado un mes y tres días desde que nació Lucía y lo único que he aprendido es que no hay razones para nada, no hay justificaciones. Las madres, las tías, las abuelas y todo ser humano -especialmente de sexo femenino- te diagnostica el malestar a golpe de vista. “Un cólico”, “gases”, “sueño”, “pesadillas”….. Diagnosticar el malestar de los bebés parece deporte nacional, pero las posibilidades de acertar son las mismas que de ganar el premio gordo en las máquinas tragaperras. La niña llora, y punto, y te aguantas, y la consuelas hasta que deje de llorar. Y no te pares a pensar cual puede ser la causa, porque entonces te desconcentras y dejas de acariciarle el entrecejo justo cuando comenzaba a claudicar, y se despierta de nuevo.

Ahora se ha vuelto a enganchar a la teta, el angelito. Se conecta tanto que comienzo a dudar si hemos parido una niña o un teléfono móvil. Voy a mirarle los ojos, a ver si pone “cargando”.

Y entre tetas, cafés, paseos y noches a duermevela, ya ha pasado un mes. Susana se ha especializado en las funciones de abastecimiento, y yo en las de intendencia. Básicamente, ella la alimenta y yo me dedico a cambiarle los pañales y a sorberle los mocos (puede parecer asqueroso, pero une mucho).

En algo sí tienen razón todos los consejeros (profesionales del consejo): incluso en momentos como este, cuando estás fundido de sueño, la espalda crujida de dar el pecho, con un pañal cagado junto al teclado del ordenador y sin tener muy claro si te toca hacer el desayuno o la cena, la niña te mira a los ojos, intenta una sonrisa, y se te olvidan las penas. En el fondo, me parece bastante barato conseguir una sonrisa de mi niña por unas cuantas noches en vela.

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Un sueño de regalo

agosto 27, 2007

Hoy cumplo 32 años (sí, david, lo has escrito bien) y mi hija (aún se me hace raro escribirlo, pero sí, también lo he escrito bien) me ha hecho su primer regalo: una noche de sueño. Bien, de hecho se ha puesto de acuerdo con su madre para regalarme una noche de ojos cerrados, porque Susana ha bregado con la niña de madrugada mientras yo abrazaba la almohada como si me fuera la vida en ello. Gracias a las dos.

Después de 15 días mareando la perdiz, simulando que era una niña buena, haciéndonos creer que habíamos parido un angelito, Lucía se ha destapado como una  fiestera indomable. He probado todos los recursos que existen, pero no hay quien la duerma. Ya sólo me falta echar mano al bote de loctite que guardo en la nevera y pegarle las pestañas a los mofletes, a ver si así nos da un poquito de tregua.

Miento. Sí he encontrado una forma de dormirla: nos estiramos los dos en el sofá y la acuesto sobre mi pecho, con su cabeza apoyada en mi corazón. Entonces le doy besos en la coronilla y le acaricio la frente hasta que los párpados le pesan una tonelada y los cierra…. durante quince minutos. Eso sí, uno de los mejores cuartos de hora de mi vida.

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La tentación

agosto 21, 2007

Dice Silvio Rodríguez que “en lo prohibido brilla, astuta, la tentación”, una verdad que nos acompaña tota la vida y que, en los primeros días, se encarna en dos objetos: el chupete y el biberón.

Para que lo entendáis, debéis poneros en situación: hace un par de días que Lucía no duerme como dios manda. A Susana le han salido unos círculos en torno a los ojos, como los anillos que se forman en los troncos de los árboles: cada ojera representa una noche en vela, una preocupación (la niña no duerme, la niña no come, la niña no engorda, la niña quiere ir a supermodelo 2007…).

Cuando llevas dos noches sin dormir y la renacuaja no hace más que chuparse los puños de las manos, a uno le asalta la tentación de prepararle un biberón de leche condensada y dejarla en barbecho durante tres días. Otra opción es darle sucedáneo de pezón, es decir, el chupete, y que lo relama hasta desgastarlo.

El problema es que la niña no es tonta y, si le damos un biberón, dejará la teta en el armario donde guardo el exprimidor y los electrodomésticos que no se utilizan. Entre ordeñar una vaca y coger el tetrabrik de la nevera, no hay color, así que si le damos el bibi, se acabó la lactancia materna. Y lo mismo sucede con el chupete, si se lo damos, resulta que la niña se acostumbra al sucedáneo y luego se hace un lío con el pezón.

De momento, la teta le gana al plástico, la naturaleza le gana la partida a la industria farmacéutica. Claro que lo que me ahorro en leche en polvo igual me lo gasto en crema antiojeras.

Eso sí, miren la cara de agradecimiento que pone después de comer de su mamá.

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Animales

agosto 12, 2007

Escuché su llanto y, un instante después, vi aparecer por el pasillo a la comadrona con la niña cogida por los pies, como una liebre, y el cordón umbilical colgado. No era el encuentro que había imaginado, pero allí estaba mi hija, untada de grasa y sangre, llorando líquido amniótico.

Mis treinta años de civilización, de calle, libros, experiencias, padres y maestros, no servían de nada en aquel momento. Así que lo único que se me ocurrió fue acercarme a su cara y lamerle la lágrima que le estaba cayendo.  

Desde entonces, de vez en cuando me sorprendo olisqueando a la niña, o veo como Susana le ayuda a mudar de piel frotando con sus manos todo el cuerpo. Parecemos animales lamiendo a nuestro cachorrito. Ojalá nunca se domestique el animal que llevamos dentro.

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Diez días (y diez noches)

agosto 12, 2007

Lucía ya tiene diez días de vida, pero en el mundo de los niños los días tienen 40 horas, o al menos así te lo parece cuando eres padre, así que, en realidad, ya es casi una adolescente.

El mundo de los niños no es ‘El País de Nunca Jamás’, sino la ‘República de en todo momento y a todas horas’. Jamás había pasado tanto tiempo pendiente de una persona, de su pecho, para ver si respira, de sus pestañas, por si se despierta, de sus manos, para que no se arañe, de sus pies, para que no se enfríe. Mentiría si dijera que no cuesta, porque cuesta mucho mantener los párpados levantados a las cuatro de la mañana mientras Susana le da el pecho a la criatura. Cuesta, pero no me importa.

Y eso que yo no hago prácticamente nada. El hombre aporta bien poco durante el embarazo, pero mucho menos en los primeros días de vida. Es ella quien le da el pecho, ella es el corazón que Lucía reconoce y el olor de piel que le hace sentir como en casa. Tú te dedicas a mirar, a mantenerte despierto como un centinela, a abanicar suavemente mientras Susana y la niña se sudan mutuamente las barrigas, y poco más.

Lo de Susana no tiene nombre, parece una superheroína de los cómics de la Patrulla X. No importa que esté destrozada por la falta de sueño, que tenga los pezones agrietados por el uso y una raja en la barriga como una hucha, porque en cuanto gime la niña, se levanta de la cama, forma una barra de bar con sus brazos y le sirve un cuenco de leche.

Este restaurante funciona las 24 horas del día, como en los aeropuertos, quizás por eso la cocinera, y este triste camarero, tienen cara de jet-lag. Por suerte, desde hace un par de noches, la niña se está amoldando a los husos horarios europeos, y dormimos seis o siete horas durante la noche (con interrupciones, por supuesto). Claro que, en cuanto cierras los ojos, comienzas a soñar con tetas, pañales, pezoneras, calcetines, mercromina, cordones umbilicales y crema Mustela. Pero esa es otra historia…