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Diez días (y diez noches)

agosto 12, 2007

Lucía ya tiene diez días de vida, pero en el mundo de los niños los días tienen 40 horas, o al menos así te lo parece cuando eres padre, así que, en realidad, ya es casi una adolescente.

El mundo de los niños no es ‘El País de Nunca Jamás’, sino la ‘República de en todo momento y a todas horas’. Jamás había pasado tanto tiempo pendiente de una persona, de su pecho, para ver si respira, de sus pestañas, por si se despierta, de sus manos, para que no se arañe, de sus pies, para que no se enfríe. Mentiría si dijera que no cuesta, porque cuesta mucho mantener los párpados levantados a las cuatro de la mañana mientras Susana le da el pecho a la criatura. Cuesta, pero no me importa.

Y eso que yo no hago prácticamente nada. El hombre aporta bien poco durante el embarazo, pero mucho menos en los primeros días de vida. Es ella quien le da el pecho, ella es el corazón que Lucía reconoce y el olor de piel que le hace sentir como en casa. Tú te dedicas a mirar, a mantenerte despierto como un centinela, a abanicar suavemente mientras Susana y la niña se sudan mutuamente las barrigas, y poco más.

Lo de Susana no tiene nombre, parece una superheroína de los cómics de la Patrulla X. No importa que esté destrozada por la falta de sueño, que tenga los pezones agrietados por el uso y una raja en la barriga como una hucha, porque en cuanto gime la niña, se levanta de la cama, forma una barra de bar con sus brazos y le sirve un cuenco de leche.

Este restaurante funciona las 24 horas del día, como en los aeropuertos, quizás por eso la cocinera, y este triste camarero, tienen cara de jet-lag. Por suerte, desde hace un par de noches, la niña se está amoldando a los husos horarios europeos, y dormimos seis o siete horas durante la noche (con interrupciones, por supuesto). Claro que, en cuanto cierras los ojos, comienzas a soñar con tetas, pañales, pezoneras, calcetines, mercromina, cordones umbilicales y crema Mustela. Pero esa es otra historia…

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Lucía 10.53 AM (02/08/07)

agosto 3, 2007

Hay momentos en la vida en que no existen las palabras, ella porque no sabe, yo porque no podía.

Ahí la tienen: Lucía, 10.53 de la mañana. Tres minutos de vida en el planeta Tierra.

En ese momento, a su madre le estaban cosiendo la barriga después de una cesárea, su padre inundaba de lágrimas el visor de la cámara.

Por cierto, me comí su primera lágrima. Yo os explicaré. Gracias a todos por leernos.

Seguiremos informando.

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Disculpen por el retraso

agosto 1, 2007

Cayó otro día y la niña sigue sin aparecer. Suerte que los niños no caducan como los yogures. Se asoma a la barriga, golpea la esfera con el codo o con el pie, tantea la situación, pero no se anima. Le he prometido un scalextric y el juego del tragabolas para Navidad, pero esta no se vende ante cualquier bagatela.

Se han creado tantas expectativas que últimamente casi me tengo que disculpar por cada día de retraso, como si esto fuera el servicio de Rodalies. En el trabajo, entre la familia, en la sección de congelados del supermercado, todo el mundo pone cara de decepción cuando les explico que no, que la chipirona aún no ha nacido. Casi sin quererlo, me pongo a ofrecer disculpas, bastante absurdas, por cierto: “es que Susana aún se encuentra bien, no tiene contracciones ni nada”, “es que la niña no parece tener prisas por venir al mundo, claro, como aquí andamos con suministros de luz, parece que se ha asustado”.

El día que nazca, la trincaré del pañal con los dientes,  me encaramaré a la cima de la torre Agbar y rugiré desde el filo, como el rey León, para que todo el mundo sepa que Lucía ya está aquí.

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Y tres que me llevo

julio 31, 2007

Aún no ha nacido y ya la estoy esperando en la puerta de casa porque llega tarde. Cuantas veces se repetirá esto….. De momento, la chipirona está castigada sin paga y sin postre por dejarnos plantados el sábado, fecha prevista de nacimiento.

Claro que nadie le ha preguntado si le venía bien ese día, lo mismo había quedado con el ovario izquierdo de su mamá, o tenía un examen de anatomía, o estaba saltando a la comba con el cordón umbilical. Quién sabe, el caso es que no se presentó.

De momento, ya se ha pasado tres día de la fecha prevista, y mañana serán cuatro. Según el ginecólogo, si el día 8 de agosto no se ha dignado a salir, irán a buscarla. La elección del día de su supuesto cumpleaños no tiene especial secreto: ese día le toca guardia en el paritorio.

Susana ya ha completado todos los pasos reglamentarios para parir. El último, el viernes por la tarde, cuando perdió el ‘tapón’ (en el lavabo de un bar de tapas, para darle ternura a la situación). Resulta que las embarazadas tienen un tapón que protege a la placenta de cualquier infección. Cuando se pierde el tapón, el parto es inminente, así que el camino ya está desprecintado.

Dale, Lucía, dale, que los papas te están esperando.

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DóndeCómoCuándo

julio 26, 2007

Cada vez que se gira, doy un salto, cada vez que gime, levanto las orejas como un animal en peligro. El problema no es el ‘cuándo’, sino que tampoco tengo ni idea de ‘dónde’ ni ‘cómo’ comienzan los dolores de parto.

Si entendemos su vientre como un planeta, ¿sabe alguien a qué altura comienzan los dolores? ¿Los pinchazos son en el polo sur, en el polo norte, en el ecuador de la panza o es un tsunami barrigo-planetario?

Definitivamente, prefiero los libros de cocina a los de embarazadas. En la cocina siempre existe algún truco, como clavar un palillo para comprobar si el pudding está bien cocido por dentro, pero con la barriga no hay manera…

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Entre el apagón, una linterna

julio 25, 2007

El día del gran apagón, mi niña comenzó a dar síntomas de alumbramiento. De momento sigue en la barriga de Susana, pero igual que media Barcelona, la chipirona ha encendido una linterna en el interior de su vientre-patera. Está inquieta y, según el ginecólogo, el útero ya ha comenzado a contraerse rítmicamente, aunque no son contracciones de parto. Esas se notan por el dolor.

El jueves le volverán a poner las ‘correas’, un dispositivo que mide su ritmo cardiaco para saber si hay sufrimiento fetal, es decir, si está demasiado estrecha en el interior y hay que buscarle un atajo hacia la salida.  En principio, el sábado sale de cuentas.

Espero que aguante unos días, porque si no, pensará que ha llegado a un mundo donde la noche es oscura y se ven las estrellas,  un lugar donde no existen televisores, ni luces de colores que te dicen si debes detenerte o caminar, y todo mundo se sienta a cenar y departir a la luz de las velas.

Barcelona no está mal, pero es mucho más triste, princesa.

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Diez, nueve, ocho….

julio 18, 2007

Parece como si el conde Drácula de Barrio Sésamo se hubiera instalado en mi cabeza: diiieezzz, nuuueeeeveee, ooooochhooooo, siiieeeettttee….. La cuenta atrás ya ha comenzado. Según los cálculos del ginecólogo, a Susana le quedan diez días para el parto. Diez días pendiente del móvil, de la cobertura, diez días para descolgar y que Susana me grite que corra, que ha roto aguas, que está de parto.

 El comedor de casa se ha convertido en una sala del ‘Imaginarium’. Tenemos objetos infantiles por todos lados, ropa de bebé colgada del tendedero y el carrito de paseo compite con el televisor por la presidencia de la casa. Susana ya ha colocado el cuco (cuna para el chipirón) a los pies de la cama y yo me lo llevo por delante cada vez que entro en la habitación.

Ya queda poco. En cualquier momento sonará el móvil y la vida se acelerará como el corazón del chipirón. En cualquier momento recibiréis un mensaje diciendo que Lucía ya está aquí. Diez, nueve, ocho…..